EL TIEMPO ES EL ÚNICO RECURSO QUE NUNCA PODRÁS RECUPERAR

EL TIEMPO ES EL ÚNICO RECURSO QUE NUNCA PODRÁS RECUPERAR

Hay una pregunta que me gusta hacerme de vez en cuando: ¿Qué haría hoy si supiera que mi tiempo es limitado? La respuesta parece evidente, pues todos sabemos que algún día vamos a morir; es una de las pocas certezas que compartimos. Sin embargo, vivimos como si esa realidad no fuera con nosotros. Hacemos planes para dentro de diez años, posponemos conversaciones importantes, retrasamos viajes soñados y esperamos el momento perfecto para empezar un proyecto, aplazando incluso el decir «te quiero» o, simplemente, vivir.

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Mientras tanto, el tiempo sigue avanzando. No se detiene, no espera a que estemos preparados y no nos devuelve los días que desperdiciamos preocupándonos por cosas que, años después, ni siquiera recordaremos. Con el paso del tiempo comprendí que el dinero puede recuperarse, puedes encontrar otro trabajo o reconstruir un negocio, pero el tiempo es lo único que jamás vuelve. Cada día que termina desaparece para siempre; nunca volverás a vivir el martes de hace dos semanas ni volverás a tener veinte años.

Durante años viví preocupándome demasiado por la opinión de los demás, preguntándome si encajaba o si alguien juzgaría mis decisiones. Con el tiempo me di cuenta de algo casi absurdo: la mayoría de las personas están demasiado ocupadas pensando en su propia vida como para juzgar la mía. Entendí que si voy a decepcionar a alguien, prefiero que sea intentando ser yo misma que viviendo una vida diseñada para cumplir expectativas ajenas. Hay una diferencia enorme entre vivir y simplemente existir.

Vivir es sentir curiosidad, aprender, viajar, cambiar de opinión y equivocarse. Es tener conversaciones que te transforman y construir recuerdos que merezca la pena recordar. No importa cuánto dinero o títulos acumules; si al mirar atrás descubres que apenas has vivido, todo lo demás pierde su valor. Imagino muchas veces que tengo ochenta años y me pregunto de qué me arrepentiría más. La respuesta siempre es la misma: me arrepentiría de aquello que nunca me atreví a hacer por miedo.

Lejos de entristecerme, pensar en la muerte me recuerda que la vida tiene valor precisamente porque es limitada. Si fuéramos inmortales, probablemente dejaríamos todo para mañana. Es el límite lo que hace valioso el tiempo. Por eso intento hacerme una pregunta antes de tomar decisiones importantes: ¿Esta elección me acerca a la vida que quiero recordar algún día? Al final, no podremos elegir cuánto tiempo vamos a vivir, pero sí podemos decidir cómo queremos llenar ese tiempo.